Recuerdos del matu...



Recuerdos publicados:

Haroldo Moretti Costigliolo (Nostalgias de más de medio siglo)

Daniel Puga (El coro del matu)

Eduardo J. Ceretti (Raíces profundas del viejo Maturana)

Andrés Mas (38 años reuniéndonos)

Fernando Couselo "Viva el Maturana"

Daniel A. García "un huaca huaca de pura cepa" (generación 70')
Fernando Baillo (generación 65 - 74)
Daniel Carreño, trotamundos y DT campeón (entrevista realizada por Guambia)
Maturana: "faro de ciencia y virtud" (Geraldo Lavin).
Los años más lindos de mi vida (Luis Adolfo Rios)
48 años de recuerdos (Francisco Scalone)
Sólo para hombres (Marcelo Gualano)



Nostalgias de más de medio siglo

El Diccionario de la Real academia define la voz “nostalgia” como “Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida”.

Hoy, aquí, sin atisbo de tristeza y con algo más de medio siglo de mi ingreso al Curso Infantil “Preparatoria” (1949) más me vale recordar (volver a pasar por el corazón) los mejores momentos vividos en el Colegio, que no fueron pocos y aunque en su momento no los hubiera sentido así, hoy me causan placer y alegría por haber tenido la oportunidad de vivirlos.

Mi primer educador fue el Maestro Otilio García, de quien aún conservo su caligrafía en cuadernos de clase, que cuidadosamente encuadernados en un tomo aún aparecen cuando remuevo papeles y libros de mi biblioteca.

Quiero tener un recuerdo para mis compañeros de aquella época, que estoy ahora viendo en la revista del año 1951, año en que cursé segundo de primaria. A la gran mayoría de ellos nunca más los he visto y seguramente a algunos de ellos ya no veré, pero recuerdo claramente el dominio de la globa que tenía Saúl Giménez en los picados de los recreos, la inteligencia aplicada al estudio de Alfredo Cabrera, Hugo Carve, Carlos Haretche, Santiago Siri, Felipe Trigo (otro buen pateador), César Aguiar. La galería de fotos incluye además a Rolando Franco, Miguel López, Hugo Villamarín, Enrique Ferro, Jorge Beiro, Miguel Vidal, Vicente Freyre, Tito Lavarello, Jorge Falcón, Angel Verges, Héctor Perera, José Gervasio Artigas no el héroe patrio, por supuesto), Daniel Olivera y Juan Peluffo.

No por estar ausentes en la página de fotografías dejan de estar presentes en “los premios” algunos calificados compañeros de clase: Nelson Abella, Jaime Aguilar, Aldo Barbieri, Héctor Casaravilla, Francisco Core, José Luis Nande, Guillermo Deambrosis, Antonio Formento, Víctor Gascón, José González, Carlos Hidalgo, Humberto Landó, Miguel Lavieja, Enrique Ribero, Raúl Merlano, Servando Montero, Elbio Ocampo, Jorge Piñeiro, Héctor Rodríguez, Jorge Seoane, Arturo Silva.

“Los premios” eran: de Honor, Aplicación, Conducta, Religión, Distinciones y Asistencia, por lo cual siempre “pellizcábamos” alguno en tantas categorías posibles. Allí encontramos a Héctor Adami, Roberto Cabrera, Miguel Cardozo, Wiston Arrieche, Juan da Palma, Norberto Mancini, Nelson Doldán, Héctor Echeverría, José Fernández, Juan Macció, Rafael Maynard, Agustín Méndez, Jorge García Urioste, Armando Lettieri, Raúl Liard, Rafael Vece.

¡Qué grupo, compañero! Cuando salíamos al patio acicateados por el penetrante sonido metálico de aquella campana de bronce que marcaba comienzo y fin del recreo invariablemente alguien llevaba la de cuero que engrasábamos todos los días y manteníamos como nuestro mejor elemento de juego, además de la ola, las bolitas a la sombra del ombú o el frontón con alguna vieja pelota de tenis…

Pero para mí los partidos de fútbol, en la cancha grande, contra la calle Buricayupí, son inolvidables. Allí, el cura Lecaroz se arremangaba la sotana para correr como el mejor de nosotros, pelear la tenencia de la globa, liderar la carrera y enviar su certero disparo al arco.

En quinto año tuvimos como maestro al cura Gervaso, que cuando no atendíamos sus clases de historia nos tiraba un pedazo de tiza que muy rara vez erraba nuestro banco… o nuestra cabeza.

En una oportunidad alguno de los “vivos” me empujó en la fuente llena de plantas acuáticas, la que estaba cerca de la sacristía y así, todo empapado me mandaron al arco de la cancha donde daba el sol… a secarme. Cuando cometíamos alguna tropelía muy fuerte nos tocaba la penitencia otorgada por el R.P. Aníbal Rivero, debajo de aquellas monumentales palmeras, al lado de las cuales se instalaba el viejo vendedor de frankfurters (que así llamábamos a los sobrenombrados hoy “panchos”) con su soporte de tijera donde colocaba la lata en que calentaba su mercadería. De un lado de su caja de metal extraía los panes y del otro los franks. Y solo por 5 centésimos… lo mismo que costaban dos bizcochos en aquel despacho donde también se podían comprar hojas “Tabaré”, cuadernos, gomas o lápices. Creo recordar que el nombre del vendedor era Manuel Crovetto… un buen señor de lentes y boina azul que con todos tenía una paciencia “salesiana” para atender nuestros pedidos, cuando nos agolpábamos frente a su mostrador.

Si la penitencia era “liviana” nos obligaba a escribir cien veces “No debo molestar” o cosa parecida. Si el castigo era un poco mayor, nos debíamos arrodillar ante ese alto escalón que desnivela el piso del salón con la tarima existente para escribir en el pizarrón… hasta que resistieran nuestras rodillas.

Hace bastantes años que no voy al Colegio, por haberme mudado de barrio y no visitar el Prado, pero sé que se conservan las fotos de alumnos de cada año en los patios interiores y que, a pesar de haberse abierto la matrícula al sexo femenino, las costumbres no han cambiado mucho.

En esos años, la broma más leve que practicábamos era poner el dedo en los bebederos para mojar a algún compañero cercano desprevenido. O como aquel que, en la merienda de la tarde, que tomábamos en el semisótano del pasaje lateral de la iglesia, le dijo a un compañero “¿Te gusta tomar el café con leche con yema? Y a la contestación afirmativa recibida de éste enterró su pulgar en la taza humeante. La réplica no se hizo esperar, y el receptor de la broma, le vació la taza en la cabeza del bromista.

Por un tiempo estuve “medio pupilo”. Almorzábamos en medio de una gran algarabía, pero con la mirada atenta de alguno de los curas. Recuerdo muy bien los mostacholes, los tirabuzones, el invariable plato de sopa, en el cual nadaban verduras junto a fideos de todo tipo, pero especialmente recuerdo las “letritas” con las cuales formábamos palabras, mientras esperábamos que se enfriara un poco el brebaje para poder beberlo.

Después de clase, luego de la merienda asistíamos al “estudio vigilado”, para el cual asaltábamos algún salón (que no era el nuestro, seguramente) y completábamos las tareas a domicilio, asesorados por alguno de los curas que controlaban (“vigilaban”) nuestro trabajo.

¡Qué temprano iría al Colegio! que aún recuerdo el frío de algunas mañanas de invierno, con los pastos de los jardines cubiertos de escarcha, blancos como si una suave nevada hubiera caído sobre el verde. Por esos días se usaba un gorro, tejido de lana, que cubría hasta el cuello, llamado “pasamontaña”, guantes de lana y sobretodo.

En alguna de esas mañanas, en que, aterido de frío y apurado por la hora, ingresaba al Colegio, algún muchachón mayor que pasaba junto a mí deslizó un pucho aún encendido en el bolsillo exterior de mi sobretodo. Llegué a clase humeando por la quema de la tela y con un soberbio agujero en el bolsillo.

Pocos serían los que tenían la suerte de que el padre los llevara en auto al Colegio. En mi caso, me pasaba a recoger el ómnibus escolar, que tocaba un bocinazo y casi siempre me encontraba en ese momento en el baño. Mi madre me apuraba y el chofer pienso que se molestaría por tener que esperarme, pero nunca llegué tarde a clase. A esa hora de la mañana era agradable sentarse en un ambiente cálido, pues no faltaba la calefacción del bus o el calor humano de tantos compañeros. En ese bus aprendí a conocer las calles del Prado, pues íbamos desde Larrañaga y San Martín donde vivían los Abreu, hasta Belvedere y desde Capurro hasta Tapes y Agraciada.

Quiero terminar, recordando a mis maestros, sin temor a olvidarme de alguno, que quizás otro compañero memorioso me haga el favor de incluir en la lista. Nuestro querido R.P. Nazario Mondelli, el Director, R.P. Juan Magnabosco, el delgado y activo R.P. Roberto Ellis, el ya anciano por aquellos años R.P. Eduardo Dufrechou junto con el R.P. Fernando Fagalde, el severísimo R.P. Aníbal Rivero, el Profe Bolívar Rodríguez, todos ellos nos traen recuerdos de una feliz época en que no había televisión, no había teléfonos celulares, no viajábamos en auto a la escuela (como hoy hacen nuestros hijos y nietos) pero sí vivíamos hermanados por el estudio y la pasión por el desarrollo de nuestras ilusiones de botijas bajo la gran carpa que es la comunidad salesiana, en un mundo que nos dio grandes oportunidades de vivir felices estos últimos cincuenta años.



El coro del matu

Algunos de los muchachos de las nuevas generaciones, no sabran de estas historias, pero algunos con certeza recordaran. (los que ahora estamos con 50) coro cruz del sur, que era del colegio sagrada familia, y no se de quien fue la bendita idea, de maturana tener su coro y asi defender la honra del colegio". pues decidido esto, por el padre fontana, querido director, ejemplo de paciencia y buena voluntad) el padre reyno fue encargado de sacar adelante este proyecto; y por supuesto comenzo a convocar futuros cantores, entre los cuales se encontraban: jose marti, alvaro trinidad, gonzalo yllarramendi, gustavo sanchez, y por supuesto un servidor, daniel puga, entre otros muchos, pena no recordar el nombre de todos ellos. para no hacerla muy larga, les cuento que fuimos a varios programas de television y radio, tambien, que en los años sesenta o setenta, grabamos nuestro primero y me parece que unico disco simple por la gravadora record si mal no me acuerdo , el cual conserve, hasta pocos años atras y que mi ex mujer, tiro a la basura, cansada de oirme jactar com mis amigos, a los cuales, les mostraba, aquela joya preciada de canciones de navidad, y lo que era peor!!! se las hacía, "escuchar".

Despues en el auge de nuestra efímera fama fuimos a Argentina, más esa es otra historia. Es por esas cosas tan lindas, que hacen del matu. un increible colegio que nos educo y sirvio de guia para nuestro futuro, y que quedara para siempre en nuestras almas y corazones grabado. Hoy que me encuentro tan lejos, de mi amado pais, esos recuerdos me llenan el alma y me hermanan en el tiempo con todos los compañeros y educadores que pasaron a la sombra del ombu. Gracias por todo matu... hermano fernandez, padre fontana, cura posse, cura ellis, padre sovinski... son tantos y tantos... gracias mil a todos nuevamente y sigan adelante que valio la pena... viva Don Bosco!!



Raíces profundas del viejo Maturana

Soy Eduardo J. Ceretti con 78 años y quiero homenajear a la gente de Maturana porque no he visto aún la palabra de algún “sobreviviente” del alumnado de “Comercio” (no había Secundaria). Para muchos que no conocieron el colegio viejo, voy a relatarles en forma sintética su funcionamiento diario.

Yo asistí en los años 40 y 41 –recién mudado a zona cercana- y recuerdo perfectamente lo vivido en aquella época. 1941 fue el último año en que se dictaron clases en el viejo local. Para ilustrar sobre su ubicación, estaba situado en la calle Maturana Nº 921 –ahora devorado por Br. Artigas- con fondos sobre la calle Larrobla y a su lado la Iglesia con el Nº 925. En la parte posterior, sobre Larrobla, estaba la residencia del personal.

El Director era el Padre Pablo Pittini. Por los años 70 iba yo a visitarlo al Colegio Pío; tenía una memoria prodigiosa. Presencié la visita de un exalumno ingresado en el Pío en 1928 –el Padre P. Pittini se había retirado de ese colegio en 1927- y le nombró a este amigo los nombres con sus dos apellidos y procedencia del interior de quienes habían sido sus condiscípulos (en el Colegio había pupilaje).

El Director era secundado en la Administración por el Padre Nazario Mondelli, quien fue uno de los grandes pilares del incansable equipo que posibilitó la construcción del local actual inaugurado en 1942 con la Dirección del Padre Angel Muzzolón (luego obispo). Otro luchador y maestro práctico era el Padre Juan Bonifacio; en sus clases no utilizaba textos fijos, por ejemplo, en 1940 nos mandaba composiciones de hechos de actualidad, como la Batalla del Río de la Plata a cuatro meses de ocurrido, etc. El consejero era el Padre Mangini que nos paralizaba la sangre cuando le veíamos venir con su dura mirada a reprendernos por alguna incorrección.

Los Acólitos –luego todos ordenados- eran Félix Ma. Bruno, quien 30 años después fue Director del nuevo colegio; el italiano Merlino a quien encontré en Paysandú en 1976 al frente del museo que contaba entre otras cosas interesantes el caparazón de un enorme quelonio, un sable perteneciente al Gral. Juan A. Lavalleja y un trozo de más de un metro de altura de una auténtica columna romana. El otro acólito era el paraguayo Villagra que cuando jugaba al fútbol con nosotros en el patio trasero con piso de losas, escondía la pelota debajo de su sotana entre los pies y no había quien se la quitara (en ese tiempo sacerdotes y acólitos vestían largas sotanas negras). Los maestros eran García (2º año) y encuadernador de las tareas, J. Suárez en Contabilidad y Matemáticas y Carlos Penengo en Dactilografía.

El horario de clases comprendía toda la jornada, de mañana y vuelta a la tarde de lunes a sábado. Al ingresar por la mañana asistíamos a misa y a quienes comulgábamos nos servían un desayuno, pues el ayuno comenzaba en la medianoche anterior.

Debíamos concurrir a misa dominical pues allí nos entregaban las notas semanales y si quedaban libretas sin retirar demostraban la ausencia a Misa. Tengo presente la frase de mi maestro el P. Bonifacino en la libreta a fin de año: “Sé siempre honra de tus padres y maestros”.

Los domingos teníamos cine toda la tarde concurriendo con $ 0,02 para la entrada y $ 0,02 para un refuerzo de pan y mortadela; téngase presente que el peso uruguayo debe haber bajado unos seis ceros, por lo que los $ 0,04 que llevábamos serían actualmente unos $ 0,0000000033 dólares; el boleto de tranvía costaba $ 0,04 de aquéllos.

En “Comercio” (después de Primaria) éramos 10 alumnos en 1ª y 6 en 2ª, obviamente unidos en una sola aula y con docentes en común.

Una vez egresado seguí vinculado ayudando Misa junto con un entrañable amigo, cuando el celebrante lo hacía de espaldas a los fieles, se rezaba en latín y se utilizaba la campana para el llamado a Misa 15 minutos antes y a la hora de comienzo; se hacían notar con campanilla los momentos más importantes de la Misa: el Santus, la Consagración del Pan y el Vino y la invitación a la balaustrada para recibir la Comunión. También ayudando al Padre Mondelli en la cobranza a domicilio de las cuotas mensuales de colaboración que eran de $ 0,50; había también obtención de materiales, campañas de bolsas de portland, etc. con toda la dedicación de este sacerdote.

¡Si habría que trabajar denodadamente por todos para construir lo que hoy disfrutamos!

La Iglesia siguió funcionando algún tiempo en la calle Maturana para después trasladarse al sitio actual en forma “provisoria” ya que estaba destinado a salón de actos y la Iglesia iría al actual cine.

El pasaje por el Colegio –aunque relativamente corto- enraizó en mí profundamente admirando la vida de Don Bosco que sigo manteniendo.

Salí a recorrer el camino de mi vida volviendo en 1955 para celebrar mi matrimonio bendecido por el Padre Mondelli.

Cuando mis hijos debieron iniciar sus estudios lo hicieron obviamente en Maturana; allí volví a vincularme con diversas actividades: deportes federados con el Padre J. Sovinski, campamentos con dicho Padre y con el Padre Miguel Bastarrica, kermesses por muchos años, etc. Allí volví a colaborar con el Director Dr. Félix Ma. Bruno, aquel Acólito de mi adolescencia. Pero esto es ya otra historia.

¡Cuántos recuerdos, cuántas emociones y cuántas vibraciones aceleran mis latidos por el apego que siempre me unió a mi querido Colegio!

Alumnos, niños y jóvenes de hoy, mantened en mente el cariño y el reconocimiento a Maturana y sus maestros que en la vida os reconfortará y os servirá de mucho a vosotros y a vuestros hijos.

Enarbolad y desplegad en todos los rincones la orgullosa bandera Salesiana.

De todo corazón y por siempre:

¡Viva María Auxiliadora! ¡Viva Don Bosco!

¡Viva Maturana!



38 años reuniéndonos


Mi nombre es Andrés Más, mi ingreso a Maturana fue en año 1958 y recibí mi orgulloso título de exalumno en el 1969, comienzo de años difíciles para estudiantes imberbes que iniciaban sus carreras universitarias.

Fuimos una generación a la que todo se le tornó difícil, donde eras segregado por tu forma de pensar o por antecedentes de lugar de estudio. Como no todos pensamos u obramos igual (gracias a Dios) estos exalumnos del 69 tomaron rumbos diferentes, hubieron exiliados y militares, doctores , contadores, policías, músicos, y empleados de todos los niveles sociales, cada uno en su lugar actuó de acuerdo a sus convicciones pero siempre con la educación el respeto y las enseñanzas que habíamos adquirido en el bendito Maturana.

Hoy 38 años después me honra informar que, salvo los 5 queridos compañeros ya fallecidos y unos pocos que permanecen fuera del País, nos seguimos reuniendo en forma ininterrumpida no una vez por año, nos reunimos de todos los segundos miércoles cada mes, si Señor somos más de 35 personas que nos estrechamos en un abrazo, contamos reiteradamente las mismas anécdotas, honramos a los que no están y programamos otros encuentros cuando sabemos que otro integrante está de vuelta por Uruguay.

Todo con respeto con cariño y cumpliendo los mandatos que un puñado de Maestros y Curas supo legarnos, brindamos por ellos, por nosotros y por todos los que continúan la tradición Salesiana.

Andrés Más




VIVA EL MATURANA!!!! Fernando D. Vera Couselo


Una alegría recibir noticias de ustedes. En cuanto a las anécdotas: ¡¡ hay tantas y tan lindas !!!!! del Pío, de la escuela agrícola, del propio e inmenso MATURANA.... pero coincidiendo con Daniel García ("Bubuchi"), al que recuerdo como a todos los ex compañeros y al que le envío un enorme saludo, creo que de lo más inolvidable de la generación del 71 eran las jornadas laborales con el cura Bastarrica, es imposible recordarlo y no emocionarse, creo que "el cura" contribuyó en gran manera a formar los hombres que hoy contamos los 42 otoños. Si bien yo no estaba entre los "12 apóstoles" que integraban el grupo de los "guaca guaca" como Miguel Bastarrica los había re-bautizado, esporádicamente logré hacerme un hueco en algún trabajito, de los que disfrutaba enormemente, a pessar de los duro de las tareas.

¿Se acuerdan muchachos, cuando el cura preparaba el vascolet de la mañana en una olla de aluminio de 10 litros? tomaban alguna cosita esas boquitas no???


Y como recuerdo, quien no se acuerda, de Escuadroni, de López Pita y su implacable tizazo, de Anibal Pardeiro, de los hermanos Sobinsky, los campeonatos de fútbol de los sábados, ADIC, el centro de ex-alumnos en Agraciada, los talleres de carpintería, electricidad, y cocina.....


Un enorme abrazo a todos y ¡VIVA EL MATURANA!!!

--

Fernando D. Vera Couselo


Daniel A. García "un huaca huaca de pura cepa"


Yo era uno de los integrantes de la Tribu de los Huaca Huaca, así denominada a una generación por el P. Miguel Bastarrica, y quien te escribe fue bautizado como Bobuchi en los primeros campamentos que hacíamos en La Tuna, cuando ni siquiera había agua potable y teníamos que lavar los platos con arena de la cancha de fútbol y luego junto al pozo y utilizando restringidamente la bomba higienizábamos los utensillos de cocina personales... qué épocas... hermosas, de mucho aprendizaje, de mucho compañerismo, de mucho conocimiento de cada uno de nosotros, de la vida y por supuesto de la Palabra llevada a los hechos en nuestras salidas donde aprendimos MUCHO y que nos ha servido para la vida. Por eso cada uno que haya tenido su pasaje por Maturana debe estar agradecido por todo lo que aprendió con cada uno de los sacerdotes que estuvo en su momento. Un aprendizaje para vivir en familia, en grupo, en comunidad, y junto a Dios y María que siempre nos han protejido e iluminado gracias a los salesianos.

Ingresé al colegio en 1970, hice Infantil con el querido P. José Sovinsky, a quien me había encariñado mucho y además de ser de peñarol. en los campamentos que hacíamos solía despertarme temprano para ir a pescar juntos... claro, el me tiraba el reel porque a nuestra edad y con nuestros tamaños imposible.

Recuerdos....imborrables, de las salidas con Bastarrica, en cualquier vehículo pero el tema era salir y llegar, y trabajar, y así armamos en quince días de vacaciones de invierno una de las habitaciones de La Tuna. Con bloques, mucho frío y bastante comida fuerte... trabajábamos pero disfrutábamos junto a él, como lo quería Don Bosco.

En fin... hay muchas anécdotas y muchos nombres de viejos compañeros que me gustaría volver a ver.


Hasta la próxima


Maturana vivirá por siempre en mi corazón...


Daniel A. García


Fernando Baillo

Concurri al colegio entre los años 65 y 74

Que placer ver en la web la historia de uno, como en este caso lo que representa el colegio en mi vida.

Concurri al colegio entre los años 65 y 74 y recuerdo con mucho cariño a todos aquellos curas y profesores que fueron quienes guiaron mis primeros pasos.

Integre "las voces de Maturana" y viaje mucho con el coro...el cura Reyno... Sobinsky... Bruno... Fontana... Fernandez....

Seria muy lindo y dadas las maravillosas posibilidades de Internet integrar a este sitio el rico historial del colegio, futbol, coro, paseos....creo que con lo que hay en el colegio y con lo que puedan aportar alumnos y exalumnos se puede lograr un sitio que represente la educacion brindada por el colegio y que nos integre a todos ante nuestro hijos, nietos y generaciones venideras.


Daniel Carreño, trotamundos y DT campeón

"Yo iba al Maturana y un cura le hizo el cuento a mi vieja que fuera al Pío para que estudiara más, pero en realidad me llevó para jugar en el cuadro del Colegio"

Entrevista de Antonio Dabezies, Memo Reimann y Leo Infantini. Caricatura de Daniel Jardim

Transmite sinceridad, franqueza y simpatía. Y da toda la impresión de que en verdad no se la cree. Cosecha elogios, le descubren nuevos atributos, redimensionan su capacidad... pero como que a él le resbala todo eso, sin desmerecer ni perder la humildad. Parecería que defiende a toda costa ser el que es: un tipo simple, sencillo, sin aspavientos, ubicado y coherente en el manejo de los gajes de su oficio. Auténtico, en definitiva. Luego de trajinar varias canchas del mundo, ha sabido capitalizar las experiencias, tanto para dirigir los movimientos de la pelotita como a la hora de lidiar con los hombres que corren tras ella. Y más allá del fútbol, nos animamos a suponer. En la tranquilidad del Espacio Guambia al mediodía, Daniel Carreño encaró una sabrosa charla con una "mini patota" (reforzada en la ocasión por Leíto Infantini, quien no sólo no quiso perderse la chance de jetear con un famoso, si no que, descontrolado, abrumó al invitado con su conocimiento enciclopédico, distorsionando una y otra vez la mecánica de la entrevista). Pero buéh... vaya si valió la pena conocer personalmente al responsable de la actual bonanza tricolor. Ahora es el turno de ustedes, queridos lectores: sean bolsos o manyas, léanlo y disfrútenlo, que vale pena.

-¿Qué día naciste?
-Nací un 1° de mayo.

-¡Un 1° de mayo! Así que laburante desde el primer día...

-Laburante, sí. Tengo 40: a los 40 se empieza a vivir, ¿no?

-¿De qué barrio sos?

-Del Prado, bien enfrente al Botánico, por Luis Alberto de Herrera. Nosotros vivíamos en Baltasar Ojeda, una callecita que sale justo ahí.

-¿Te criaste ahí?

-Sí, hasta que me fui a Europa viví ahí. Mi vieja todavía vive en ese lugar.

-No es un barrio de laburantes, precisamente, ¿no?

-Ahí ahí... tampoco es un barrio de casas grandes, con campo, eso está para el otro lado, para 19 de Abril. La gente se fue haciendo su casita de a poco, del lado nuestro...

-¿Qué hacía tu viejo?

-Mi viejo... muy viejo, falleció en el 77 con 72 años. A mi me tuvo como a los 60 años. Él nació en 1905.
-¿Tu mamá también era tan mayor?

-No, no, mi vieja es mucho más joven, ella nació en el 30. Los dos de Florida, mi padre de Las Chircas y mi vieja de Mansavillagra, plena campaña. Mi viejo ya era casado, enviudó joven, no había tenido hijos.

-Así que pudiste jugar poco al fútbol con tu padre.

-Mi viejo era un amante del fútbol, de esas personas de edad muy responsables, con otros principios... Y me llevaba de la mano al fútbol, a todos los partidos. Hasta que murió, yo tenía 13 años, siguió toda mi carrera. Si hubiera estado vivo después...

-¿Hincha de qué cuadro era?

-De Peñarol.

-¿Y vos?

-Y yo, date cuenta.... (risas). No: yo era de Nacional...

-¿Pero cómo....? (risas)

-Mi vieja era de Nacional, sí ella de Nacional, del lado de mi vieja eran todos bolsos, mis tíos, todos... Y a la familia de mi padre la verdad que no la conocí mucho...

-¿A qué escuela fuiste?

-La escuela la hice en el Maturana, el liceo en el Colegio Pío.

-¿Eras tan bravo en conducta que te mandaron al Pío?

-Sí... hubo una historia entre conducta y rendimiento. Y el cura Sovinsky –escuchen ésta– el cura Sovinsky se había ido del Maturana al Colegio Pío, y era fanático con el fútbol, y me llevó... Le hizo el cuento a mi vieja que era para que estudiara más... ¡pero me llevó para jugar al fútbol!

-¡Fue tu primer pase! (risas).

-Sí, y fue tan así que al Flaco Francescoli le había propuesto lo mismo. El Flaco estaba dos años adelante mío, era mayor.

-Varios famosos fueron al Maturana.

-Sí, Francéscoli, el Nando,

-¿Estudiabas, o...?

Continuar la entrevista...


Maturana: "faro de ciencia y virtud".


Me llamo Geraldo Lavin y estuve en Maturana desde el 61 hasta que salí del
liceo.

Conocí al cura Ellis, Sovinsky y Dutra y me acuerdo también del maestro
Escuadrone con quien aprendi ingles y que bien me ha servido dado que desde
el 83 resido en Miami, USA.

Recuerdo que teníamos un equipo de fútbol que era realmente poderoso,
alrededor del 66 Sovinsky que nos dirigía escuchaba a Peñarol en la radio y
nos pedía que jugáramos al mismo nivel, aquel año Peñarol salió campeón del
mundo y nosotros ganamos el campeonato también, Sovinsky estaba
contentísimo.

Varias veces fuimos campeones de la Liga de Colegios Católicos.

Me da nostalgia recordar aquellos años, aun el grupo de amigos se reúne una
vez al año y comparten una comida, a veces me gustaría estar allí con ellos
y recordar también.

A todos les mando un abrazo grande y les digo que lo que Maturana impregna
en nosotros es algo que nunca olvidamos y que nos sirve para ser ejemplo y
como dice el himno de Maturana 𠇏ro de ciencia y virtud”.

Sinceramente un saludo fraterno.


Los años mas lindos de mi vida


Me llamo Luis Adolfo Rios tengo 53 años, casado hace 31 años con Gladys Esther Arias, tengo 3 hijos varones Luis Marcel, Pablo Alejandro y Leonardo Gabriel de 30, 27 y 21 años respectivamente. Actualmente trabajo en Laja S.A. y me desempeño como en cargado de depósitos. Como te podrás imaginar cuando en el día de ayer pasé por el colegio y vi que tenia una pagina en Internet, al entrar a trabajar fue lo primero que hice fue contactarme.

Los salesianos

Ante todo fueron los años mas lindos de mi vida. Los Salesianos mas recordados son: Hector Elis (hincha de Wanderers como yo) José Sovinsky al cual le decían el lindo. en coro el padre Lisseau que en los ensayos si estabas hablando venia y te tiraba de los cachetes y te dejaba la marca!! Al padre Dutra lo conocí como Acólito y jugábamos al velero contra las ventanas con rejas de tejido al lado del ombú. En música el padre Reyno con su famoso carro manicero donde llevaba los discos y pasadiscos. Años despues lo vi como director en el colegio San Isidro de Las Piedras donde estudiaron mis hijos.

Las vacaciones

Lo mas lindo era en vacaciones cuando desde el 7 de Enero hasta el 28 de Febrero habían campeonatos de fútbol, básquetbol, juegos de salón, cine. pero lo más grande eran los paseos que se realizaban. todo esto bajo la batuta del padre Elis. Había un padre del cual no recuerdo el nombre pero era el que pasaba las películas, cuando íbamos a los paseos hacíamos trueque de comida y bebida ya que yo siempre en los paseos llevaba un bollón con ajíes catalanes ó con salsa de tomate condimentada que hacia mi padre. Siempre en esos paseos estaba con Jorge Camacho (el padre de él, era quien atendía la librería que había dentro del colegio), Javier Gago que jugando al fútbol era un fenómeno.

Los profesores en liceo que mas recuerdo: en Historia Costa el cual dictando la clase, era como se te leyera una historieta. En Idioma Español el profe Garzon con sus bigotes espesos. En dibujo Kovac, un hombre muy sufrido por la guerra pero que enseñando había que sacarse el sombrero. En Francés, Navarro, etc.

Un penal inolvidable

Hablando de Sovinsky, hincha de Peñarol, un señor jugador de fútbol; nunca voy a olvidarme que un día que me tira un penal (que en ese tiempo atajaba bastante bien, aunque siempre jugaba de puntero izquierdo) cuando llega a la pelota me amaga a tirar a la izquierda, me tiro, pero él, muy inteligente, cruza su pie izquierdo sobre la pelota y le pega con la derecha por detrás y la "puso" en el ángulo derecho. Me levante y le fui a dar la mano. Con razón Boca de Argentina mando una carta al Pontificado para ver si lo dejaban jugar. Maestros recuerdo a Escuadrone.

Lo que leí de Francisco Scalone es todo lo que me hizo recordar esos años, y como dice él: los que estudian ahí que se sientan orgullosos, porque colegio como ese no hubo ni habrá.

El Pato o el Cuca

El que lea esto, no se si se acordará de mi nombre pero, en el colegio, tuve dos sobrenombres "PATO" en la escuela y en liceo "CUCA".

Sinceramente ha sido un placer contactarme con Uds. Y si hay alguno de la generación 55 y se acuerda de mi persona, que me escriba.

Antes de terminar, un recuerdo para compañeros como Alberto Capoano, Jorge Camacho, Fernando Morena (que en los campeonatos de los sábados iba el padre a verlo jugar y recuerdo que todos los Morena eran hinchas y socios de Nacional), Jorge Siviero un gran jugador, Eduardo Algorta, Ratto, Rebelatto, Javier Robaina, los hnos. Igoa...

A todos los que he conocido un abrazo enorme, y estoy a las ordenes para los que me quieran escribir esta dirección: luisadolforios@hotmail.com


Gracias Cuca


48 años de recuerdos...

Francisco Scalone tiene 52 años, está casado con Ana Martínez. Tiene3 hijos, Patricia, Lorena y Francisco de 27, 25 y 10 años respectivamente. Se desem-peña como Gerente Comercial de Trabajos para Terceros del Diario El País, área dedicada a captar trabajos de impresiones comerciales, editoriales o periodísticas que se realizan por contrato para distintos clientes. Es exalumno de Maturana y nos cuenta que: "Ingresé en Maturana en 1956 en lo que sería actualmente Preparatorios o Inicial, en aquel momento "Infantil B", cursando primaria y secundaria completa. Luego continué los preparatorios de Química y Medicina en el Instituto Juan XXIII."


Recuerdos marcados a fuego

"En esos 11 años de Maturana - comenta Francisco - tantas vivencias, tantos recuerdos; es casi como imposible intentar darle una secuencia cronológica, porque además vienen enganchados con un matiz de nostalgia con lo que se torna más difícil expresarlos."

"Intentando hacer una rápida recorrida de lo que siento debería comenzar con las lágrimas de mi primer día de clase en el que el Padre Bruno intentaba consolar mí desolación realizando el primer "tour" por el colegio... o los primeros maestros, Céspedes y Squadroni, vistos desde el pupitre como si fueran "rascacielos",altos, sobrios, serios, enseñando a vivir nuestros primeros pasos con esfuerzo y disciplina...; la sonrisa siempre presente del Director, con tiempo para escuchar nuestras quejas, o molestias; siempre con una palabra de apoyo, de respaldo, César Fernández, Colinet,....la seriedad, la disciplina, impartida por el Consejero de turno, Carcabelos, Ellis (Wander..!!! perdón)..., la sotana atada a la cintura y los "dribblings" de José Sovinsky (Peñar....!!! perdón)... La paciencia de Reyno, en las clases de Cultura Musical....., la amistad de Colmán, un TIPAZO!!, así con mayúsculas y negritas..."


El deporte siempre presente


"Las canchas de fútbol que crecían en tamaño junto con nosotros..., cuando estrenamos las primeras camisetas "de verdad" en los campeonatos de los sábados de tarde...., las idas a jugar el partido en las canchas de "el Pío"...por supuesto en la "chancha"... las mesas de ping-pong, los futbolitos, los juegos de damas y de ajedrez -en el corredor-, la sala de lectura improvisada en una clase, todo preparado por los curas para que en las vacaciones nos juntáramos y en el colegio nos divirtiéramos sanamente..."

"El corredor resbaloso en los días de lluvia...., los campamentos de San Gregorio y Laguna Negra...., los paseos a Juan Lacaze y a Piriápolis..., el sonido de la campana..., la sombra del ombú...., las Compañías..., los retiros espirituales..., la capilla, la serenidad..., el sol entrando por los vitreaux...., las misas cantadas...., el turno para hacer de monaguillo..., la sacristía..., la tabla de honor.., las distinciones honoríficas..., la entrega de notas a los padres....., la foto general en el Palacio Legislativo...., la construcción del cine... y la venta de rifas para sus butacas."


El estudio exigente y cercano


"La mesa larga cuando los mediodías lluviosos almorzábamos con los curas..., las planas de caligrafía...., las lapiceras con pluma cucharita..., el tintero en el banco..., después la pluma tanque - que adelanto!!! !! -....el tintero involcable - bien vamos ahí que estamos progresando -....el liceo...Literatura - Garzón ...Historia - Costa...Francés - Navarro ...Dibujo - Kovacs ....una travesura, una risa fuera de lugar....el corredor, el invierno....qué frío..., la camisa con corbata todos los días..., la peinada con gomina..., la túnica almidonada..., la galería de fotos en el corredor acompañándonos y creciendo año a año..."

"Todo y siempre acompañados, guiados por la mano experta de los salesianos, siempre, siempre, en la etapa o en el emprendimiento que fuésemos a encarar: ya fuera un paseo, un campeonato, una rifa, un diario interno, unas vacaciones, siempre al lado nuestro, con la palabra justa, con el consejo amigo y trabajando todo sobre la base de la disciplina, en los gestos, en los saludos, en los juegos, en la letra, en los deberes, en el estudio y siempre con alegría." En la charla con Francisco se desprenden claro y muy fuertemente su sentimiento de cariño y de agradecimiento a toda la Familia de Maturana. "Creo - dice Scalone - que por encima de todo supieron inculcarnos claramente los conceptos de amistad, de compañerismo, de responsabilidad y de disciplina."

La vida como egresado


"En muchas oportunidades - comenta nuestro entrevistado - se presenta la situación de cruzarse con exalumnos, con quienes no nos conocemos y luego de conversar un rato, o mantener una conversación de negocios o en una actividad cualquiera, salta el: "VOS SOS DE MATURANA!!" siempre hay algo en común, es un estilo, una marca que nos da determinada característica, y que sin dudas fue puesta por el colegio." Siento que San Francisco de Sales, el colegio, los educadores, los salesianos, han representado en mi vida -junto con mis padres- el mejor cimiento que pude tener. Desde el punto de vista intelectual, deportivo, humano y espiritual no se pueden recibir mejores valores que los que Maturana nos trasmitió. En cada uno de los aspectos a los que nos referimos el Colegio estuvo siempre presente. Nos enseñaron no con palabras huecas, difíciles o distorsionadas de la realidad, sino de la mejor forma, viviéndolo junto con nosotros, con el ejemplo de sus vidas. Siento que el resultado de esta ecuación surge de los momentos de seguridad, de aprender a encontrarme conmigo mismo, de esa serenidad que respiré en la capilla, y de ese nunca doblegarnos frente a la adversidad, de esa disciplina que nos enseñaron a forjar día a día."

Un recuerdo para el final

"La emoción de formar junto a mis compañeros en el patio día a día a izar la bandera, en el comienzo de cada jornada, frente al monumento a Don Bosco, con toda la carga simbólica, emocional que ello tiene y que todo exalumno conoce.

Y a los actuales alumnos de Maturana: disfruten cada día, cada año, cada vivencia, cada oportunidad que el Colegio les ofrezca. De corazón, tienen que sentirse orgullosos y privilegiados por compartir tan importante etapa de sus vidas en "San Francisco de Sales"."



Sólo para hombres

Contactado vía correo electrónico, Marcelo Gualano Curotto, "el Chelo", con 33 años nos deja sus memorias de los diez años que vivió en el colegio entre los años 1972 y 1982.

"Entre los primeros recuerdos que se me representan están: los sabatinos, los curas, Magadán y el corredor de arriba con los bichos embalsamados, expresó Marcelo. "El cura Mateo, qué tipazo, la verdad que es uno de los recuerdos más imponentes del Maturana, lo queríamos pila, era un amigo, me encantaba confesarme con él, un cura que no te rompía mucho con los pecados y por eso estaba bueno confesarte con él."

Al continuar las listas de curas cita a Bruno (Félix María), como el cura mago, a Carlos Sanabria, a saber de Chelo, "un loco bravo, calentón, exigente, pero buen tipo".

"El Sovinsky, como trabajaba, llegabas de mañana y estaba barriendo las canaletas de las canchas de fútbol bajo lluvia, un fenómeno. También había uno que te enseñaba caligrafía en la escuela, en los cuadernos Tabaré con rayitas horizontales..."

"...hacer deporte, es una cosa que debería hacerse más."

La convivencia entre varones era increíble, muchas banditas, estaban los malos que te metían el peso, los deportistas.

En aquellos días existían "Los Relámpagos", que eran campeonatos de fútbol de noche.

"En los recreos nos matábamos a basketball, salías corriendo como cuete para tener cancha, y lo que era increíble era el puchinball, deben de quedar los palos en el colegio, había que enrollar una pelota como de boxeo, en un palo, dos contra dos, me acuerdo de "Guti", el Gutierrez de Nacional, que jugaba mucho, eramos una barrita, que de tarde íbamos al Matu, a jugar al basketball, al puchinball, estaba buenísimo, yo estaba a una cuadra del colegio, sin cruzar la calle, o sea que de chiquito me iba todas las tardes para ahí..."

Pasar los quince, sin fiestas de quince.

El hecho de ser un colegio de varones ofrecía ventajas y limitaciones. Como positivo, nuestro entrevistado, destacó la autenticidad, el ser vos mismo sin tener que aparentar, "creo que el varón que es más compañero, más compinche, comparte mucho y aprende a compartir".

Los alumnos provenían del barrio amplio: Belvedere, Paso Molino, Paso de la Arena, Prado, Aguada, para los del "Matu" fiestas de quince no había casi ninguna, alguna robada por ahí.

Los profes...

Un montón de recuerdos desordenados viene a la mente de nuestro entrevistado. De a poco trata de ubicarlos, aclararlos... "me acuerdo de López Pita, expresó Chelo, por sus borradores voladores, el veterano tenía una puntería, si te agarraba hablando te pegaba en el medio de la cabeza...", "otro profe personaje era el de biología, era un tipo increíble, tenía un bolso de cuero que lo llevaba siempre con él y de ahí sacaba frascos con miel, o sacaba una afeitadora eléctrica y se afeitaba en clase, era rarísimo...", "...me acuerdo también de las ventanitas que estaban atrás de los profesores, y se veía para la otra clase..."

A decir de Chelo, las profesoras mujeres eran bastante mayores, salvo la de biología que era significativamente más joven.

Otro personaje del momento era la profesora de francés, todos sus alumnos rezaron el Ave María en francés.

El Chelo, actualmente es arquitecto, diseñador gráfico y docente de la Facultad de Arquitectura, probablemente estas aptitudes hayan colaborado en el cariño que le tenía la profesora de dibujo. En años de estudio se destacó por ser un excelente caricaturista, "yo dibujaba para el chisme (diario del liceo), me acuerdo que una vez hice una caricatura del casamiento de Eduardo (Romero) y Mónica (Siécola).

Una buena parte de la vida del colegio pasaba por el cine, las matinés, los actos, el fin de año, las tardes de cine recibidos por Algorta, el legendario portero de pelo blanco.

Luego de egresar nunca más volvió al colegio, sólo en días de votación, "no tengo idea de cómo será con chicas, mi referencia como colegio salesiano mixto es el Juan, pero en realidad no me lo imagino".

Concluimos como Chelo termina su e-mail:

"Y nada más, o todo lo que me sigue viniendo a la cabeza, y que no para...

...chau, Matu.